Una fábula de Ambrose Bierce
Sátira para lectores mayores

Un exlegislador se acercó a un Ciudadano Muy Respetable, buscando una carta de recomendación para el Gobernador para un nombramiento como Comisionado de Camarones y Cangrejos.
"Señor," dijo el Ciudadano Muy Respetable, con una expresión severa, "¿no fue usted alguna vez miembro del Senado del Estado?"
"No tan mal como eso, señor, se lo aseguro," fue la respuesta. "Fui miembro de la Cámara Baja. Fui expulsado por vender mi influencia por dinero."
"¡Y se atreve a pedir la mía!" gritó el Ciudadano Muy Respetable. "¿Tiene la audacia? Un hombre que acepta sobornos probablemente también los ofrecerá. ¿Acaso pretende—"
"Nunca pensaría en hacerle una propuesta corrupta, señor," interrumpió el exlegislador. "Sin embargo, si fuera nombrado Comisionado de Camarones y Cangrejos, podría tener cierta influencia con la población del puerto y podría ayudarle en su lucha por el puesto de Médico Forense."
"En ese caso, no me siento justificado en negarle la carta," respondió el Ciudadano Muy Respetable. Tomó su pluma y, como guiado por alguna fuerza invisible, escribió, para su asombro: "Quien vende su influencia debe dejarlo; un hombre honesto solo la intercambiará."
La moraleja de la historia es que la integridad no puede comprometerse, y quien ha incurrido en corrupción no es digno de confianza ni de apoyo.
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