
Un ruiseñor, posado en lo alto de un roble y cantando como era su costumbre, llamó la atención de un halcón hambriento. El halcón, en una necesidad desesperada de alimento, descendió rápidamente y atrapó al ruiseñor entre sus garras.
Mientras el ruiseñor enfrentaba la pérdida inminente de su vida, le suplicó con fervor al halcón que lo perdonara. Argumentó que era demasiado pequeño para satisfacer el hambre de un depredador tan poderoso. "Si realmente buscas comida", imploró, "deberías perseguir aves más grandes en su lugar".
El halcón, interrumpiendo las súplicas desesperadas del ruiseñor, respondió: "Sería verdaderamente tonto soltar mi comida que ya tengo en mis garras, todo por la posibilidad de perseguir aves que ni siquiera están a la vista".
Este encuentro sirve como recordatorio de la importancia de aprovechar las oportunidades cuando se presentan, en lugar de arriesgarlo todo por perspectivas inciertas.
La moraleja de la historia es que no se deben pasar por alto las oportunidades inmediatas por perspectivas inciertas.
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