Una fábula de Ambrose Bierce
Sátira para lectores mayores

Una vez, hubo un Hombre Indigno que se había reído de las desgracias de una Mujer a la que amaba. El arrepentimiento llenó su corazón mientras lamentaba su indiscreción, vestido con un sayal de oro y cenizas de rosas.
Mientras se lamentaba de sus acciones, el Ángel de la Compasión lo miró con una mezcla de lástima y comprensión. "¡Pobre mortal!", exclamó. "¡Qué verdaderamente desafortunado es no reconocer la maldad de reírse de la desgracia ajena!"
Con esas palabras, una gran lágrima cayó del ojo del Ángel. Al descender, encontró una corriente de aire frío y se congeló en un granizo. Este inesperado granizo golpeó al Hombre Indigno en la cabeza, haciendo que se frotara vigorosamente el lugar golpeado con una mano mientras, con la otra, intentaba abrir un paraguas.
Ante esta escena, el Ángel de la Compasión no pudo evitar reír, y su risa resonó en el aire. Era un sonido desvergonzado y malvado, un recordatorio de las complejidades del amor, el arrepentimiento y las lecciones aprendidas a través de la adversidad.
La moraleja de la historia es que burlarse de otros en su sufrimiento puede llevar a la propia desgracia y arrepentimiento.
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