Una fábula de Ambrose Bierce
Sátira para lectores mayores

Un lobo, habiendo atragantado con un manojo de llaves mientras devoraba a un hombre, se encontró en un aprieto. En su desesperación, se acercó a un avestruz y le pidió que bajara su cabeza dentro de su garganta para recuperar las llaves. El avestruz, sintiéndose compasiva, accedió y ayudó a quitar la obstrucción.
Una vez que las llaves estuvieron fuera, el lobo se volvió hacia el avestruz y dijo: "Supongo que esperas un pago por ese servicio".
El avestruz respondió con sabiduría: "Un acto de bondad es su propia recompensa; me he comido las llaves".
En ese momento, el avestruz le enseñó al lobo que la verdadera generosidad no busca compensación, y que a veces, ayudar a los demás es suficiente recompensa en sí mismo.
La moraleja de la historia es que no se debe esperar que los actos desinteresados de bondad sean recompensados.
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