Una fábula de Ambrose Bierce
Sátira para lectores mayores

Una delegación en Washington se acercó al nuevo Presidente y dijo: "Su Excelencia, no podemos ponernos de acuerdo sobre un hijo favorito que nos represente en su Gabinete".
"Entonces", respondió el nuevo Presidente, "tendré que encerrarlos hasta que lleguen a un acuerdo". Con eso, la delegación fue arrojada al calabozo más profundo debajo del foso. Allí, mantuvieron una mentalidad dividida durante muchas semanas, sin poder llegar a un consenso.
Finalmente, después de mucha deliberación, reconciliaron sus diferencias y solicitaron ser llevados ante el nuevo Presidente.
"Hijos míos", dijo al llegar, "nada es tan hermoso como la armonía. Mis selecciones para el Gabinete ya estaban hechas antes de nuestra reunión anterior, pero han demostrado un noble ejemplo de patriotismo al subordinar sus preferencias personales al bien mayor. Ahora, regresen a sus hermosos hogares y sean felices".
Sin embargo, no se registra que la delegación encontrara felicidad en su regreso.
La moraleja de la historia es que la verdadera armonía requiere sacrificio y compromiso, pero no garantiza la felicidad para quienes están involucrados.
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