
Hace mucho tiempo, los ratones celebraron un consejo general para considerar qué medidas podrían tomar para burlar a su enemigo común, el Gato. Algunos ratones propusieron varias ideas, mientras que otros expresaron sus preocupaciones. Finalmente, un joven ratón se levantó y ofreció una propuesta que creía que resolvería su difícil situación.
"Todos estarán de acuerdo," comenzó, "en que nuestro principal peligro radica en la manera astuta y traicionera en que el enemigo se acerca a nosotros. Si pudiéramos recibir alguna señal de su aproximación, podríamos escapar fácilmente de su alcance. Por lo tanto, propongo que consigamos una pequeña campana y la sujetemos con una cinta alrededor del cuello del Gato. De esta manera, siempre sabríamos cuándo está cerca, permitiéndonos retirarnos a un lugar seguro cada vez que esté en las cercanías."
La propuesta fue recibida con aplausos generales, y el joven ratón sintió un sentimiento de triunfo. Sin embargo, la emoción duró poco. Un ratón viejo se levantó y habló con un tono sabio y mesurado: "Eso está muy bien, pero ¿quién le pondrá la campana al Gato?"
La sala quedó en silencio mientras los ratones intercambiaban miradas, cada uno contemplando la pregunta del ratón viejo. Nadie tenía una respuesta. El ratón viejo continuó: "Es fácil proponer remedios imposibles, pero es mucho más difícil llevarlos a la práctica."
Con eso, el consejo quedó reflexionando sobre la dificultad de su situación y la realidad de su difícil circunstancia.
La moraleja de la historia es que proponer soluciones es fácil, pero implementarlas puede ser difícil o imposible.
Publicidad
Mañana por la noche: El Zorro y la Grulla