
Un oso se jactaba mucho de su filantropía, afirmando que, de todos los animales, él era el más tierno en su consideración hacia los humanos. Proclamó que tenía tanto respeto por la humanidad que ni siquiera tocaría un cadáver.
Una zorra, al escuchar estas palabras, sonrió y le respondió al oso: "¡Oh! Si tan solo comieras a los muertos y no a los vivos."
La verdadera bondad se demuestra a través de acciones, no solo con palabras o alardes.
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Mañana por la noche: El Zorro y la Grulla