Biblioteca / Aesop’s Fables

El ciervo que admiraba su reflejo.

Una fábula tradicional

El ciervo que admiraba su reflejo.

El ciervo que admiraba su reflejo

Un ciervo vanidoso se paró junto a un estanque cristalino, admirando su reflejo. Sus astas se extendían ampliamente como un matorral, un magnífico despliegue de la artesanía de la naturaleza. Sin embargo, mientras miraba hacia abajo, sintió un profundo sentimiento de arrepentimiento. La vista de sus estrechas patas, que se afinaban casi hasta desaparecer debajo de él, lo llenó de tristeza.

"Mis piernas no combinan con mi cabeza", se lamentó, mirando su forma con desdén. "Esta espléndida corona sobre mi frente es merecida, mientras que mis pies no se ajustan".

Mientras el ciervo continuaba lamentando su apariencia, un sabueso apareció de repente, siguiendo su rastro. En pánico, corrió hacia el bosque, desesperado por escapar. Sin embargo, sus grandes astas se convirtieron en un obstáculo, enganchándose en las ramas mientras corría. Cada enganche impedía su velocidad, ralentizándolo en un momento crítico en el que su vida dependía de ello.

En su frenético escape, maldijo la misma corona que una vez había admirado. "¿Por qué esta belleza debe arrastrarme hacia abajo?", pensó.

A menudo valoramos mucho lo que es hermoso, mientras despreciamos lo que es útil. Sin embargo, es la belleza la que a veces puede llevarnos a nuestra caída. El ciervo despreciaba sus pies, los mismos apéndices que le daban vida, mientras apreciaba las astas que ahora le causaban tanto conflicto.

La moraleja
La moraleja de la historia es que valorar la belleza superficial sobre la utilidad práctica puede llevar a la ruina de uno.

Preguntas de debate

  1. ¿Qué crees que aprendió el ciervo al final de la historia?
  2. ¿Cómo podemos relacionar la experiencia del ciervo con nuestras propias vidas?
  3. ¿Por qué es importante apreciar lo útil en lugar de solo lo bello?

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