
Un cerdo joven estaba confinado en un corral con una cabra y una oveja. Un día, cuando el pastor lo agarró, el cerdo gruñó, chilló y resistió violentamente. La oveja y la cabra, al escuchar sus angustiosos gritos, se quejaron, diciendo: "A menudo nos maneja a nosotros, y no gritamos".
A esto, el cerdo respondió: "Su manejo y el mío son cosas muy diferentes. Él los atrapa solo por su lana o su leche, pero a mí me agarra por mi propia vida".
La súplica del cerdo destacó la cruda realidad de sus situaciones, recordándole a la cabra y a la oveja que sus experiencias no eran las mismas. Mientras ellos enfrentaban inconvenientes menores, él enfrentaba una amenaza grave, una verdad que resonó profundamente en el corral.
La moraleja de la historia es que la severidad del sufrimiento de uno puede variar enormemente de la de otro, y lo que parece trivial para uno puede ser mortal para otro.
Publicidad
Mañana por la noche: El Zorro y la Grulla