
Un arriero emprendió un viaje, llevando ante sí un asno y una mula, ambos bien cargados. El asno, mientras viajaba por la llanura, llevaba su carga con facilidad. Sin embargo, cuando comenzó a ascender por el empinado camino de la montaña, sintió que su carga era más de lo que podía soportar.
El asno rogó a su compañero, la mula, que le aliviara de una pequeña porción de la carga para que pudiera llevar el resto a casa. Desafortunadamente, la mula no prestó atención a la solicitud. Poco después, el asno cayó muerto bajo su carga.
Sin saber qué más hacer en una región tan salvaje, el arriero colocó la carga que llevaba el asno sobre la mula, añadiéndola a su propia carga. Encima de todo esto, colocó la piel del asno después de haberlo desollado.
La mula, gimiendo bajo su pesada carga, se dijo a sí misma: "Me tratan según merezco. Si tan solo hubiera estado dispuesta a ayudar un poco al asno en su momento de necesidad, no estaría cargando ahora no solo con su carga, sino también con las consecuencias de su muerte."
Esta historia nos recuerda que una onza de prevención vale una libra de cura.
La moraleja de la historia es que ayudar a otros en su momento de necesidad puede prevenir cargas mayores para uno mismo en el futuro.
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