
Un campesino descubrió un águila atrapada en una trampa. Después de admirar al magnífico pájaro, decidió liberarlo. El águila, agradecida por su liberación, no olvidó la amabilidad que le habían mostrado.
Más tarde, el campesino estaba sentado bajo una pared que parecía inestable. El águila, al notar el peligro, voló hacia él y usó sus poderosas garras para arrebatar un bulto de la cabeza del campesino. Cuando el campesino se levantó para perseguir al águila, esta soltó el bulto, permitiéndole recuperarlo.
Al regresar a su lugar original, el campesino descubrió que la pared bajo la cual había estado sentado se había derrumbado. Se maravilló de la intervención oportuna del águila, dándose cuenta de cómo el pájaro lo había salvado de un posible daño.
La moraleja de la historia es que los actos de bondad pueden llevar a recompensas y protección inesperadas a cambio.
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