
El asno encantado
Un asno, habiendo escuchado a unos saltamontes cantar, quedó profundamente encantado por sus hermosas melodías. Deseando poseer los mismos encantos del canto, se acercó a ellos y les preguntó qué tipo de comida consumían para alcanzar voces tan hermosas.
Los saltamontes respondieron: "Vivimos del rocío".
Decidido a emular sus sonidos encantadores, el asno resolvió vivir solo de rocío. Sin embargo, con el paso del tiempo, se encontró cada vez más débil, sucumbiendo finalmente al hambre.
Al final, incluso un tonto puede ser sabio, aunque a menudo es demasiado tarde.
La moraleja de la historia es que uno no debe imitar ciegamente a los demás sin comprender sus necesidades y circunstancias.
Publicidad
Mañana por la noche: El Zorro y la Grulla