
Un zorro trepaba por un seto cuando de repente perdió el equilibrio. En un intento desesperado por salvarse, se agarró de una zarza. Desafortunadamente, la zarza lo pinchó y le desgarró severamente las plantas de los pies. Dolorido, el zorro acusó a la zarza de traición, afirmando que cuando buscó su ayuda, ella lo había tratado peor que el propio seto.
La zarza, interrumpiendo sus quejas, respondió: "Debiste estar fuera de tus sentidos para aferrarte a mí, sabiendo que siempre estoy acostumbrada a atrapar a otros".
Este encuentro sirve como recordatorio de que aquellos que son egoístas a menudo encuentran que todos los demás también lo son.
La moraleja de la historia es que buscar ayuda de aquellos que son inherentemente dañinos o egoístas puede llevar a un mayor sufrimiento.
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Mañana por la noche: El Zorro y la Grulla