
Un buen día, dos cangrejos salieron de su hogar para dar un paseo por la arena cálida. La madre cangrejo miró a su hijo y dijo: "Hijo, estás caminando de manera muy poco elegante. Deberías aprender a caminar hacia adelante sin torcerte de un lado a otro".
El joven cangrejo respondió: "Te ruego, madre, que si tú misma dieras el ejemplo, yo seguiría tu camino con gusto".
Este suave intercambio nos recuerda que el ejemplo es el mejor precepto.
La moraleja de la historia es que liderar con el ejemplo es la forma más efectiva de enseñar a los demás.
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