Una fábula de Ambrose Bierce
Sátira para lectores mayores

Un pescador había atrapado un pez muy pequeño y estaba a punto de colocarlo en su canasta cuando el pez de repente habló.
"Te ruego que me devuelvas al arroyo," dijo. "No puedo serte de utilidad; los dioses no comen pescado."
El pescador respondió: "Pero yo no soy un dios."
"Cierto," dijo el pez, "pero tan pronto como Júpiter se entere de tu hazaña notable, te elevará a las deidades. Eres el único hombre que ha atrapado un pez tan pequeño."
El pescador hizo una pausa, considerando las palabras del pez. Se dio cuenta de que incluso la captura más pequeña podría llevar a un reconocimiento y fama inesperados. Después de un momento de reflexión, decidió liberar al pequeño pez de nuevo en el arroyo, apreciando el peculiar encuentro y la sabiduría que le impartió.
La moraleja de la historia es que a veces, incluso los logros más pequeños pueden llevar a un reconocimiento y recompensa inesperados.
Publicidad
Mañana por la noche: El Zorro y la Grulla