
Un pastor encontró una vez un lobezno y decidió criarlo. Con el tiempo, le enseñó al lobo a robar corderos de los rebaños vecinos. El lobo, demostrando ser un aprendiz rápido, finalmente se volvió hacia el pastor y le dijo: "Ya que me has enseñado a robar, debes estar muy atento, o perderás parte de tu propio rebaño".
Esta advertencia sirve como recordatorio de las consecuencias de las acciones propias. Al criar a una criatura conocida por su astucia e instintos depredadores, el pastor puso inadvertidamente en riesgo a su propio rebaño. Confiar en que un lobo se comporte como un cordero puede llevar a peligros inesperados.
La moraleja de la historia es que enseñar a alguien a hacer el mal puede finalmente conducir a la propia perdición.
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