Una fábula de Ambrose Bierce
Sátira para lectores mayores

Un hombre que había experimentado los favores de la fortuna y se consideraba un optimista conoció a otro hombre que había encontrado a un optimista y se había convertido en un cínico. Mientras el cínico caminaba por el camino, se hizo a un lado para dejar pasar al optimista, quien pasaba rodando en un magnífico carruaje dorado.
El optimista, al notar el semblante sombrío del cínico, detuvo su carruaje y exclamó: "Hijo mío, pareces como si no tuvieras un amigo en el mundo".
El cínico se encogió de hombros y respondió: "No sé si tengo amigos o no, porque tú tienes el mundo".
En ese momento, el contraste marcado entre sus perspectivas se hizo evidente: un hombre se deleitaba en las riquezas de la vida, mientras que el otro estaba agobiado por su escepticismo.
La verdadera riqueza no reside en posesiones materiales, sino en conexiones y amistades genuinas.
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