Una fábula de Ambrose Bierce
Sátira para lectores mayores

Dos seres malditos, demacrados, lacrimosos y detestados, se encontraron en un páramo desolado bajo la luz de una luna luchadora.
"Te deseo una feliz Navidad", dijo el Primer Ser Maldito, con una voz reminiscente de una tumba cantante.
"Y yo te deseo un feliz Año Nuevo", respondió el Segundo Ser Maldito, hablando con el acento de un acordeón penitente.
En ese momento, cayeron en un abrazo mutuo, llorando lágrimas ardientes que resbalaban por sus espinas dorsales. Este acto fue un símbolo de su destierro al Reino del Disparate Inefable. Pues uno de estos seres malditos era el Primero de Enero, y el otro era el Veinticinco de Diciembre.
La historia ilustra la naturaleza agridulce del tiempo y la celebración, destacando cómo incluso las ocasiones alegres pueden verse ensombrecidas por sentimientos de aislamiento y desesperación.
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