
Un joven avestruz se acercó a su madre, gimiendo de dolor y apretando sus alas contra el estómago.
"¿Qué has estado comiendo?" preguntó la madre con preocupación.
"Nada más que un barril de clavos", fue la respuesta.
"¡¿Qué?!" exclamó la madre, con los ojos muy abiertos por la sorpresa. "¡Un barril entero de clavos a tu edad! Pero, ¡te matarás de esa manera! Ve rápido, hijo mío, y traga un martillo de garra".
La urgencia en su voz era clara, ya que sabía que el joven avestruz necesitaba ayuda para remediar su mala elección de comida.
La moraleja de la historia es que las malas decisiones pueden llevar a consecuencias dolorosas, y uno debe buscar remedios apropiados para corregir los errores.
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