Una fábula atribuida a Aesop

Según una antigua leyenda, los dioses hicieron una selección especial de ciertos árboles para estar bajo su protección. Júpiter eligió el roble, Venus seleccionó el mirto, Apolo favoreció al laurel, Cibeles tomó el pino y Hércules eligió el álamo.
Minerva, intrigada por sus elecciones, se preguntó por qué habían preferido árboles que no daban fruto. Preguntó sobre el razonamiento detrás de sus selecciones. Júpiter respondió: "Es para que no parezca que codiciamos el honor por el fruto".
Sin embargo, Minerva insistió: "Que cualquiera diga lo que quiera; el olivo me es más querido por su fruto".
En respuesta, Júpiter reconoció su perspectiva, diciendo: "Hija mía, con razón te llaman sabia; porque a menos que lo que hacemos sea útil, la gloria de ello es vana".
Este intercambio destaca la importancia de la utilidad sobre la mera apariencia, sugiriendo que el verdadero valor reside en la utilidad más que en el honor superficial.
El verdadero valor de las acciones radica en su utilidad más que en su gloria o apariencia exterior.
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