
Dos gallos de pelea luchaban ferozmente por el dominio del corral. Después de una larga y intensa batalla, uno finalmente logró poner al otro en fuga. El gallo vencido se escabulló y se escondió en un rincón tranquilo, sintiéndose derrotado y humillado. Mientras tanto, el conquistador, lleno de triunfo, voló hasta un muro alto. Con un estallido de energía, batió sus alas y cantó exultante a todo pulmón, regocijándose en su victoria.
Sin embargo, su celebración fue breve. Un águila, que volaba por el aire, divisó al gallo y se abalanzó sobre él con una velocidad increíble. En un instante, el águila lo atrapó y se lo llevó en sus poderosas garras.
El gallo vencido, al presenciar este giro de los acontecimientos, salió de su escondite. A partir de ese momento, gobernó el corral con un dominio indiscutible. Este cuento sirve como recordatorio de que el orgullo a menudo precede a la destrucción.
El orgullo y la arrogancia pueden llevar a la caída de uno, mientras que la humildad puede llevar finalmente a un éxito inesperado.
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