
Un niño estaba cazando langostas. Había logrado atrapar una buena cantidad de ellas cuando de repente vio un escorpión. Confundiéndolo con otra langosta, extendió su mano para agarrarlo.
El escorpión, mostrando su peligroso aguijón, le advirtió: "¡Si me hubieras tocado, amigo mío, no solo habrías perdido a mí, sino también a todas tus langostas!"
Este encuentro sirvió como un recordatorio para el niño sobre la importancia de ser cauteloso y discernir en sus búsquedas.
La moraleja de la historia es ser cauteloso y discernidor, ya que las acciones apresuradas pueden llevarte a perder lo que has ganado.
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