Una fábula de Ambrose Bierce
Sátira para lectores mayores

Había una vez un tonto al que repetidamente le habían dicho que era un gran hombre. Creyendo esta adulación, buscó un puesto de importancia y logró que lo nombraran Comisionado para la Exposición Interasilos de Idiotas Preservados.
Sin embargo, en la primera reunión de la Junta, ocurrió un divertido malentendido. Lo confundieron con una de las exhibiciones, y se le ordenó al conserje que lo llevara a su vitrina correspondiente.
Mientras lo llevaban, exclamó: "¡Ay! ¿Por qué no me contenté con quedarme donde la forma de mi frente es tan común que se la conoce como la Pendiente del Pacífico?"
Su lamento resonó por el salón, sirviendo como un recordatorio humorístico de la necedad del orgullo y la importancia propia mal ubicada.
La historia ilustra que buscar reconocimiento más allá de las verdaderas capacidades puede llevar a la vergüenza y la humillación.
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