
Un lobo perseguía a un cordero, que huyó en busca de refugio a un templo cercano. Mientras el cordero buscaba seguridad, el lobo gritó: "¡El sacerdote te sacrificará si te atrapa!"
El cordero, temblando pero resuelto, respondió: "Sería mejor para mí ser sacrificado en el templo que ser devorado por ti".
En ese momento, el cordero comprendió la gravedad de su situación y optó por enfrentar el menor de dos males.
Es mejor enfrentar un peligro cierto con dignidad que sucumbir ante una amenaza mayor sin esperanza.
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