
Una cierva, acosada por cazadores, buscó refugio en una cueva que pertenecía a un león. El león, al verla acercarse, se escondió, esperando en silencio a que ella entrara. Una vez que la cierva estuvo a salvo dentro de la cueva, el león saltó sobre ella y la despedazó.
"¡Ay de mí!", exclamó la cierva, "he escapado de los hombres, solo para arrojarme a la boca de una bestia salvaje".
Este cuento sirve como recordatorio de que, al evitar un peligro, debemos tener cuidado de no caer en otro.
Al intentar escapar de un peligro, ten cuidado de caer inadvertidamente en un peligro mayor.
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