
Un carbonero llevaba a cabo su oficio desde la comodidad de su propia casa. Un día, se encontró con un amigo que era batanero y lo invitó a venir a vivir con él. El carbonero creía que serían mejores vecinos y que sus gastos domésticos se reducirían significativamente.
El batanero, sin embargo, declinó cortésmente la oferta, diciendo: "El arreglo es imposible para mí. Cualquier cosa que yo blanquee, tú la ennegrecerías de inmediato con tu carbón".
Este intercambio resalta una verdad fundamental: lo semejante atrae a lo semejante.
La moraleja de la historia es que los rasgos o estilos de vida incompatibles no pueden coexistir armoniosamente.
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