Una fábula de Ambrose Bierce
Sátira para lectores mayores

Un águila, mortalmente herida por un arquero, encontró un peculiar consuelo al darse cuenta de que la flecha que la había alcanzado estaba emplumada con una de sus propias plumas.
"Me habría sentido verdaderamente desafortunado," reflexionó, "pensar que cualquier otra águila hubiera tenido parte en mi muerte."
Esta conexión inesperada con sus propias plumas le trajo un extraño consuelo en sus momentos finales, recordándole su identidad y la singularidad de su existencia, incluso frente a la tragedia.
La moraleja de la historia es que puede ser menos doloroso enfrentar la traición o el daño de los de nuestra propia especie que de un extraño.
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