
Las bestias del campo y el bosque tenían un León como su rey. Él no era colérico, cruel ni tiránico, sino más bien justo y gentil, encarnando las cualidades ideales de un gobernante. Durante su reinado, hizo una proclamación real convocando una asamblea general de todas las aves y bestias.
En esta asamblea, redactó condiciones para una liga universal, en la que el Lobo y el Cordero, la Pantera y el Cabrito, el Tigre y el Ciervo, el Perro y la Liebre pudieran coexistir en perfecta paz y armonía.
La Liebre, llena de esperanza, exclamó: "¡Oh, cuánto he anhelado ver este día, en el que los débiles ocuparán su lugar con impunidad al lado de los fuertes!" Sin embargo, después de hacer esta declaración, la Liebre de repente corrió por su vida, tal vez sintiendo las tensiones subyacentes que aún existían en la naturaleza.
La historia ilustra que incluso el liderazgo más benevolente no puede garantizar la armonía entre aquellos con diferencias inherentes en poder y naturaleza.
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