
Dos hombres viajaban juntos cuando uno de ellos vio un hacha tirada en el camino. La recogió y exclamó: "¡He encontrado un hacha!" El otro hombre respondió rápidamente: "No, amigo mío, no digas 'yo'; en cambio, di 'nosotros' hemos encontrado un hacha."
La pareja continuó su viaje, pero no pasó mucho tiempo antes de que notaran que el dueño del hacha los perseguía. En un estado de pánico, el hombre que había recogido el hacha dijo: "¡Estamos perdidos!"
El otro hombre, manteniendo su sentimiento anterior, respondió: "No, mantén tu primer modo de hablar, amigo mío. Lo que pensaste que era correcto entonces, piensa que es correcto ahora. Di 'yo', no 'nosotros' estamos perdidos."
Este intercambio destaca una lección importante: aquel que comparte el peligro debe compartir la recompensa.
La moraleja de la historia es que los individuos deben asumir la misma responsabilidad tanto por las recompensas como por las consecuencias en cualquier situación compartida.
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