
El lobo que quería ser un león.
En esta entretenida historia moral, un hombre necio, convencido de su propia grandeza, se convierte en Comisionado para una exposición de personas con discapacidad mental y es tratado erróneamente como una de las exhibiciones. Mientras lo llevan a una vitrina, lamenta su ambición y desearía haberse conformado con su vida ordinaria, destacando la mejor moraleja de la historia: los peligros de sobreestimarse a uno mismo. Esta pequeña y sencilla historia con moraleja sirve como un recordatorio conmovedor del valor de la humildad.


