Una fábula de Ambrose Bierce
Sátira para lectores mayores

Un hermoso anciano, al encontrarse con un alumno de la escuela dominical, puso su mano tiernamente sobre la cabeza del muchacho y dijo: "Escucha, hijo mío, las palabras de los sabios y presta atención al consejo de los justos".
"Está bien", respondió el alumno de la escuela dominical, "adelante".
"Oh, yo no tengo nada que ver con eso", dijo el hermoso anciano. "Solo estoy observando una de las costumbres de la época. Soy un pirata".
Cuando retiró su mano de la cabeza del muchacho, el niño notó que el cabello del hombre estaba enmarañado con sangre coagulada. Después de esta revelación inquietante, el hermoso anciano continuó su camino, buscando instruir a otros jóvenes.
La historia ilustra el peligro de seguir ciegamente las apariencias externas y la importancia de discernir el verdadero carácter detrás de las palabras y acciones de uno.
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