
El Aethiop.
En "El Etíope", un hombre compra ingenuamente a un sirviente negro, creyendo que el color de su piel es simplemente suciedad que puede frotarse y eliminarse. A pesar de sus esfuerzos incansables, el tono de piel del sirviente permanece inalterado, ilustrando la lección de vida de que los rasgos inherentes no pueden cambiarse mediante medios externos. Este cuento con moraleja sirve como un recordatorio conmovedor de que lo que está en los huesos se pegará a la carne, convirtiéndolo en una adición convincente a las historias morales edificantes y a las fábulas con moraleja.


