Una fábula de Ambrose Bierce
Sátira para lectores mayores

"Mi querido señor," dijo el editor al hombre que había venido a preguntar por su poema, "lamento informarle que, debido a un desafortunado incidente en esta oficina, la mayor parte de su manuscrito es ilegible. Una botella de tinta se derramó accidentalmente sobre él, borrando todo excepto la primera línea—específicamente, 'Las hojas de otoño caían, caían.'
"Desafortunadamente, como no he leído el poema en su totalidad, no puedo proporcionar los incidentes que siguieron. Si la noticia no está pasada de moda y no ha aparecido ya en otras publicaciones, tal vez podría amablemente relatar lo ocurrido mientras tomo notas."
"Las hojas de otoño caían, caían," comenzó el poeta.
"Continúe," instó el editor.
"¡Qué!" exclamó el poeta incrédulo. "¿Espera que reproduzca el poema completo de memoria?"
"Solo la esencia de él—solo los puntos clave. Añadiremos lo que sea necesario en términos de elaboración y embellecimiento. Solo tomará un momento."
"Las hojas de otoño caían, caían—" el poeta comenzó de nuevo.
"Ahora, entonces," indicó el editor.
En ese momento, se escuchó un sonido de movimiento lento mientras el poeta comenzaba a levantarse y a irse. El cronista de eventos actuales permaneció inmóvil, con la pluma suspendida en el aire, y cuando el movimiento llegó a su fin, la Poesía estaba representada en ese lugar por nada más que un punto cálido en la silla de madera.
La historia ilustra la tensión entre la integridad artística y las demandas comerciales, sugiriendo que la verdadera creatividad no puede ser fácilmente replicada o reducida a un mero "contenido".
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