
Las bestias del bosque organizaron un espléndido entretenimiento, donde el Mono se levantó y bailó. Su actuación fue tan encantadora que cautivó a toda la asamblea, y cuando terminó, se sentó entre un coro de aplausos universales.
Sin embargo, el Camello, envidioso de los elogios que recibió el Mono y ansioso por desviar el favor de los invitados hacia sí mismo, propuso levantarse a su vez y bailar para su diversión. Cuando comenzó a moverse, lo hizo de una manera tan completamente ridícula que las otras bestias estallaron en un arrebato de indignación. Lo atacaron con garrotes y lo expulsaron de la asamblea.
Este incidente sirve como recordatorio: es absurdo imitar a aquellos que son verdaderamente superiores a nosotros.
La moraleja de la historia es que intentar imitar a aquellos más hábiles que uno mismo puede llevar a la vergüenza y al rechazo.
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