
Cuando el hombre vio por primera vez al camello, se asustó tanto por su enorme tamaño que huyó aterrorizado. Sin embargo, después de algún tiempo, comenzó a notar la mansedumbre y gentileza en el comportamiento de la bestia. Reuniendo su valor, se acercó al camello con cautela.
Poco después, al darse cuenta de que el camello era un animal carente de espíritu, se volvió más audaz. Le puso un freno en la boca al camello y permitió que un niño lo guiara. Esta experiencia le enseñó que la familiaridad a menudo puede ayudar a superar los miedos y temores iniciales.
La moraleja de la historia es que la familiaridad puede transformar el miedo en confianza, permitiéndonos aprovechar lo que alguna vez nos intimidó.
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